Café del Bueno






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¿Qué es el café del bueno… y por qué cada vez somos más los que lo buscamos?

Llamamos café del bueno a ese café que se aleja del torrefacto y de los cafés industriales que llevan décadas acompañándonos sin que nadie nos explicara demasiado qué estábamos bebiendo. Hablamos de cafés tostados de forma regular, frescos, sin conservantes ni aditivos, cafés que no necesitan azúcar quemado para tapar defectos y que vienen acompañados de información clara: origen, fecha de tueste, variedad, proceso y matices aromáticos.

No es una etiqueta de moda.
Es una forma distinta de entender el café.


Del café de supervivencia al café consciente

Durante años el café en España ha sido una bebida funcional: rápida, barata y amarga. Algo que se tomaba para aguantar el día, no para disfrutarlo. El torrefacto —café rociado con azúcar durante el tueste para aumentar peso y disimular baja calidad— se normalizó hasta el punto de que muchos pensaron que el café debía ser así.

Hoy eso empieza a cambiar.

Cada vez más personas, jóvenes y no tan jóvenes, buscan un café que no les revuelva el estómago, que no dispare la ansiedad y que, además, sepa a algo reconocible y agradable. El café del bueno aparece justo ahí: como respuesta a años de cafés mal tratados y peor explicados.


Un café que no amarga… y no necesita disculparse

Uno de los grandes choques para quien prueba café de especialidad por primera vez es descubrir que el café no tiene por qué ser amargo. Esa amargura extrema no es una característica natural del café, sino la consecuencia de malas materias primas, tuestes excesivos y aditivos.

La mejora en los métodos de cultivo, los procesados y el tueste ha permitido que hoy hablemos de aromas y sabores concretos: notas a té negro, frutos secos, cacao, especias suaves o fruta madura. No como poesía vacía, sino como descriptores reales que aparecen cuando el café se trata con respeto.

Por eso el café del bueno se entiende cada vez más como lo que es: un producto fresco, vivo, que cambia con el tiempo y que se consume con cierta atención, igual que ocurre con el vino o la cerveza artesanal.


Café, salud y falsas creencias

Aquí conviene parar un momento.

El café de especialidad —café natural, recién tostado, 100% arábica— suele contener menos cafeína que muchos cafés industriales, no lleva azúcares añadidos ni conservantes y aporta compuestos interesantes como antioxidantes, vitaminas del grupo B (especialmente B2 y B3) y minerales como magnesio o potasio.

Durante años se ha culpado al café de muchos males que en realidad provienen de lo que no es café: azúcares quemados, tuestes extremos y materias primas de muy baja calidad. No es raro que, al cambiar al café del bueno, muchas personas noten una mejora clara en digestión y bienestar general.


El mercado del café del bueno en España: una evolución lenta, pero real

España no es líder mundial en consumo de café de calidad, pero sí es un país con una base de consumo enorme. Se estima que aquí se consumen unos 85 millones de kilos de café al año, con una media aproximada de cuatro tazas diarias por persona.

Históricamente, la mayor parte de ese consumo ha sido de café barato y torrefacto. Pero algo se está moviendo.

Desde la pandemia, el consumo de café de especialidad ha crecido de forma notable, impulsado en gran parte por la compra online y la curiosidad de consumidores que, al no poder ir al bar, empezaron a preguntarse qué café estaban bebiendo en casa.

Según datos citados por medios especializados como Perfect Daily Grind, en España existen ya más de 450 cafeterías de especialidad, una cifra impensable hace apenas una década. El crecimiento del sector en los últimos cinco años se estima en torno al 2.000 %.


Luces y sombras del mapa cafetero español

Este crecimiento no es homogéneo. Comunidades como Madrid, Cataluña o Andalucía —especialmente Málaga, Granada y Sevilla— concentran buena parte de esta nueva cultura. Otras zonas, como Huelva, siguen muy rezagadas, con una oferta centrada todavía en mezclas altamente torrefactadas.

Paradójicamente, mientras aumenta el interés por el café del bueno, muchos bares continúan ofreciendo mezclas 80/20 (80 % torrefacto, 20 % café natural), una práctica prácticamente inexistente en la mayoría de países productores y consumidores avanzados.

Los datos de importación de la AECafé muestran, sin embargo, un aumento sostenido en la demanda de café arábica desde 2015, lo que indica que el cambio, aunque lento, es real.


Qué dicen los profesionales del sector

Desde dentro de la industria, el diagnóstico es bastante claro.
Israel Quintana, responsable de desarrollo de negocio en EMEA para Sage Appliances, señalaba que cada vez más españoles perciben el café como un producto de alta calidad y una experiencia culinaria.

Por su parte, Jordi Mestre, de Nomad Coffee, apunta que el sector avanza siguiendo patrones ya vistos en países como Reino Unido o Australia, con tostadores, cafeterías y baristas como principales motores del cambio.

El consenso es claro: el consumidor español quiere saber más, y cuando entiende lo que bebe, no suele volver atrás.


Mi opinión: el café del bueno como cambio cultural

El mercado cafetero español está despertando después de décadas de inmovilismo. Cada vez más personas demandan productos saludables, honestos y bien explicados, también en el café.

Se están desmontando mitos antiguos: que el café es dañino, que debe ser amargo, que solo sirve para despertarse. Y eso abre la puerta a tuestes más cuidadosos, cafés menos agresivos y una relación mucho más sana con esta bebida.

La aparición de microtostadores como Hortelano Coffee Roasters responde precisamente a eso: a la falta histórica de oferta y a una demanda creciente que quiere café con sentido, no con maquillaje.

Es cierto que la subida de precios del café verde y de los costes generales ha afectado al consumo, pero también lo es que nunca ha habido tantas herramientas accesibles para preparar buen café en casa, gracias a la entrada de empresas tecnológicas y a una mayor divulgación.


El café del bueno sigue el camino del vino y la cerveza artesanal

Lo que está ocurriendo con el café no es nuevo.
Ya lo vimos con el vino y con la cerveza.

Primero se consumía todo como algo genérico. Luego llegó el conocimiento, el gusto, la curiosidad. Y con ello, la diversificación, la calidad y las cartas especializadas.

El café natural y de especialidad está recorriendo ese mismo camino.
Y no tardaremos en ver, también en España, cartas de café tan normales como hoy lo son las de vinos.

Porque cuando entiendes lo que bebes,
ya no hay vuelta atrás.

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