Historia y origen del Café

Del mito africano al despertar intelectual de Europa y su expansión por el mundo

Es paradójico que el café, una de las bebidas más consumidas del planeta, siga siendo una gran desconocida. Forma parte de nuestra rutina diaria, estructura nuestros horarios y acompaña nuestros momentos de concentración y encuentro, pero rara vez nos detenemos a pensar de dónde viene, cómo llegó hasta aquí y por qué cambió la forma de pensar de sociedades enteras.

El café no es solo una bebida.
Es un fenómeno cultural, económico y político.

Para entender el café de especialidad actual, primero hay que recorrer su historia completa. Y esa historia no empieza en América, ni siquiera en Europa. Empieza en África.


La leyenda de Kaldi y el despertar del cafeto

Toda gran historia tiene un mito fundacional. En el caso del café, ese mito nos lleva al siglo V, a las montañas de la región de Kaffa, en lo que hoy es Etiopía.

Según la tradición oral, un pastor llamado Kaldi observó que sus cabras se comportaban de forma extraña tras comer los frutos rojos de un arbusto silvestre. Saltaban, corrían y parecían incansables. Kaldi decidió probarlos él mismo y experimentó un estado de vigilia y energía desconocido hasta entonces.

Intrigado y asustado, llevó las bayas a un monasterio cercano. Los monjes, tras varios intentos fallidos, acabaron arrojando los granos al fuego, liberando un aroma profundo e intenso que impregnó la estancia. Aquella fragancia marcaría el inicio simbólico del tostado.

Aunque esta historia es una leyenda, el origen etíope del café está plenamente documentado. El cafeto crecía de forma silvestre en el antiguo Reino de Aksum, donde las poblaciones locales ya utilizaban la planta como estimulante, alimento y medicina.

Eso sí, el café aún no era café.


Etiopía y los primeros usos del café

Durante siglos, los pueblos etíopes experimentaron con la planta. No existía una forma única de consumo. Se hervían hojas y bayas, se fermentaba la pulpa para obtener bebidas alcohólicas y se tostaban las cáscaras para preparar infusiones conocidas como qirsh.

Los granos no se molían ni se infusionaban como hoy. El café era energía, no ritual.

El tostado consciente y la infusión en agua caliente no aparecerían hasta casi mil años después.


Yemen: donde el café se convierte en bebida

El gran salto ocurre cuando el cafeto cruza el Mar Rojo y llega a Yemen alrededor del siglo XV.

En Yemen, especialmente en el puerto de Moca, el café adopta su forma definitiva: grano tostado, molido y preparado como infusión. Aquí nace la palabra qahwa, asociada a bebidas estimulantes utilizadas en contextos religiosos sufíes para mantenerse despiertos durante las oraciones nocturnas.

El café se extiende rápidamente por la península arábiga y el Imperio Otomano, convirtiéndose en una bebida social y cultural. Surgen las primeras qahveh khaneh —casas de café— en ciudades como El Cairo, Damasco y Estambul.

No todo fue aceptación. El gobernador de La Meca, Khair Beg, llegó a prohibir el café por considerarlo subversivo: reunía a la gente, fomentaba la conversación y alteraba el orden establecido. La prohibición fracasó.

El café ya era imparable.


Los mercaderes venecianos y la puerta de Europa

El café entra en Europa gracias al comercio. Y aquí Venecia juega un papel clave.

Los mercaderes venecianos mantenían rutas comerciales activas con el mundo árabe y otomano. Desde Yemen, el café viajaba por el Mar Rojo, cruzaba Egipto y llegaba al Mediterráneo. A finales del siglo XVI, los primeros sacos de café desembarcan en Venecia.

Al principio, el café genera recelo. Es una bebida oscura, amarga y asociada al mundo islámico. Algunos sectores de la Iglesia incluso lo llaman “la bebida del diablo”. Según la tradición, el Papa Clemente VIII lo prueba y, lejos de condenarlo, lo bendice.

Europa acaba de adoptar el café.


Viena y la batalla de Kahlenberg: el café como botín histórico

Uno de los episodios más importantes en la expansión del café en Europa es la Batalla de Kahlenberg.

En 1683, el Imperio Otomano sitia Viena con un enorme ejército. Tras dos meses de asedio, una coalición cristiana liderada por el rey polaco Juan III Sobieski derrota a los otomanos los días 11 y 12 de septiembre.

Al retirarse, los otomanos abandonan su campamento, repleto de provisiones. Entre ellas, sacas de unos granos oscuros que los vieneses no reconocen.

Aquí confluyen varias historias: desde espías que ya conocían el café hasta sirvientes turcos que explicaron su uso. Lo cierto es que Viena se convierte en uno de los grandes centros cafeteros de Europa. La aristocracia adopta el café, se filtra para evitar los posos orientales y se mezcla con leche y azúcar.

Nace la cafetería europea moderna.


Las cafeterías: el corazón intelectual de Europa

Durante los siglos XVII y XVIII, las cafeterías se multiplican por Europa: Londres, París, Viena, Ámsterdam.

No eran simples locales. Eran centros de pensamiento.

En Londres se las conocía como penny universities: por el precio de una taza de café podías acceder a debates políticos, científicos y comerciales. En París, las cafeterías se convierten en puntos de encuentro para filósofos ilustrados como Voltaire, Diderot o Rousseau.

El café sustituye progresivamente al alcohol como bebida cotidiana. La mente se despeja. La conversación se afila.

Muchos historiadores sostienen que el auge de las cafeterías fue un factor clave en el desarrollo de la Ilustración y que influyó directamente en procesos como la Revolución Francesa.

No porque el café provocara la revolución, sino porque creó los espacios donde se pensó la revolución.


El café cruza el Atlántico: colonialismo y contradicción

Europa pronto entendió que el cafeto no podía cultivarse en sus latitudes. Así que hizo lo que mejor sabía hacer: llevarlo a sus colonias.

En 1720, Gabriel de Clieu transporta una planta de café desde París hasta Martinica. A partir de ahí, el cafeto se extiende por el Caribe y América Central.

España introduce el café en Sudamérica en 1741, cuando José Gumilla lleva los primeros cafetos a Colombia.

El café encuentra en América el clima perfecto… pero también un sistema de explotación basado en esclavitud, monocultivo y dependencia colonial.

El café se globaliza, pero a un precio humano enorme.


De la historia al café de especialidad

Durante siglos, el café fue tratado como mercancía. Volumen, precio y control.

El café de especialidad surge como una respuesta histórica a ese modelo. No como moda, sino como necesidad de reconectar con:

  • el origen

  • el agricultor

  • el proceso

  • y la identidad del grano

Entender la historia del café es entender por qué hoy buscamos trazabilidad, transparencia y calidad real.

Porque el café no empezó en una cápsula.
Empezó en una planta silvestre en África.

Y, de algún modo, el café de especialidad es un intento de volver a ese origen, con todo lo aprendido por el camino.

☕🌍🔥

 

Deja un comentario

Tenga en cuenta que los comentarios deben aprobarse antes de publicarse.